
Nobleza obliga: tras tamaño comentario al último post del partido de la roja bielsista, Cristian se ganó el derecho a postear el match trascendental Chile-Brasil. A continuación entonces, sus apeciaciones. Que el post figure a nombre de Román es tan solo un accidente.
Chile, que venía de perder dignamente ante el conjunto español y que contaba con dos jugadores suspendidos (Medel y Ponce), salió a enfrentar al “scratch” con un planteo táctico extrañamente especulativo. Bielsa apostó a jugar defensivamente, parándose a esperar a Brasil en mitad de cancha, renunciando, sorpresivamente, al característico estilo de juego de los equipos del Loco, quien dijera repetidas veces que para él todos los partidos son iguales, de manera que deben ser jugados del mismo modo: dominando, siendo protagonista del juego, lo cual sólo se puede lograr presionando constantemente, jugando en campo rival y dominando la pelota. Nada de esto hizo Chile en el partido de hoy. Muy por el contrario, se paró defensivamente, dejando salir a Brasil con pelota dominada hasta la mitad de cancha, para intentar salir de contra, y se suicidó. Es que no se puede esperar otra cosa que una derrota si se sale a esperar en mitad de cancha a uno de los equipos que tiene mejor manejo de pelota y organización de ataque del mundo.
Decíamos que Bielsa utilizó una disposición táctica un tanto distinta en cuanto al posicionamiento en el campo de juego y, sobre todo, a las características de los jugadores que entraron a la cancha. En este punto, llamó la atención ver a Beausejour haciendo las veces de un media punta, jugando detrás del centrodelantero, H. Suazo, en lugar del característico “enganche”, M. Fernández o Valdivia. Beausejour jugó un partido realmente malo, muy impreciso a la hora de pasar, con un manejo deficiente de la pelota a la hora de organizar los contraataques y en una posición táctica equivocada y en apariencia extraña para él. En definitiva, Chile se paró con su jugador más adelantado en el círculo central, dibujando algo así como un 3-3-2-1-1, en el cual los dos volantes exteriores jugaron retrasados y contenidos a la hora de atacar, convirtiéndose casi en defensores laterales, lo cual mostraba, en realidad, algo parecido a un 5-3-1-1, con: Bravo al arco; Jara, Fuentes y Contreras abajo, de derecha a izquierda; Isla, Carmona y Vidal en el mediocampo; Alexis sanchez por derecha y Mark Gonzalez por izquierda, ambos como extremos retrasados, es decir, como volantes ofensivos, si se quiere; luego, Beausejour como media punta; y, por último, Suazo como centrodelantero.
Brasil, por su parte, salió a jugar con un 4-3-1-2, con: Julio Cesar al arco; Maicon, Lúcio, Juan y Bastos en defensa, de izquierda a derecha; Dani Alves, Gilberto y Ramires en el medio, también de izquierda a derecha, y Kaká de enlace; y arriba, Robinho y Luis Fabiano. Nada nuevo bajo el sol del lado de la verde-amarela: laterales con buena proyección, un tridente ofensivo de muy buen manejo de pelota en velocidad, increíblemente preciso a la hora de la triangulación de pelota para abrir espacios, y un medio campo aguerrido, de poca posesión y lateralización del juego.
Así las cosas, el problema del planteo de “la roja” residió en que, por una parte, resignó las mejores características mostradas por el quipo en la fase anterior: la presión en tres cuartos de cancha, el juego vertical, los desbordes permanentes con llegadas de los volantes a posiciones de extremo y tres o cuatro jugadores dentro del área; y, por otra parte, agudizó los puntos flojos de un equipo que no cuenta, a mi entender, con los jugadores del nivel requerido para jugar casi mano a mano en la línea de fondo, cuestión que se puso en evidencia en el hecho de que cada vez que Brasil atacó generó jugadas de considerable riesgo.
En este marco se desempeñó el primer tiempo. De entrada se pudo observar un Chile retrasado, preparado para presionar en la mitad de cancha con la intención de salir rápido de contra, y un Brasil que se hizo cargo, desde el comienzo mismo del partido, de la chapa que detenta, la de ser una potencia mundial del fútbol. Así, Brasil buscó permanentemente el arco chileno, que se defendió bastante bien durante los primeros treinta minutos. Cabe decir que esta búsqueda permanente puede resultar un tanto contradictoria ya que resulta, en realidad, de un estilo de juego contragolpista: Brasil atacó pero lo hizo concibiendo al mediocampo como una zona de mera transición vertical, una zona de paso y no de control del balón, de modo que la forma de atacar es, en general, la de pases largos a los puntas, que son los encargados de resolver arriba, ayudados, a veces, por la subida de los volantes. Retomando, hasta entonces Brasil había generado cuatro llegadas, contra una sola de Chile. Si bien el trámite se mostraba parejo, las situaciones del pentacampeón eran mucho más peligrosas, aunque ineficaces aún. Sin embargo, el desarrollo del partido cambiaría tras el gol de Juan, quien tras un muy buen tiro de esquina, y una mejor “cortina” de sus compañeros, cabeceó sólo y muy cómodo, clavando la pelota en el ángulo derecho Bravo; nada que hacer para el arquero. Tras la apertura del marcador, pasaría algo que ya le ocurriera a Chile en el partido ante España, brotó el desorden en todas sus líneas, y lo pagó caro: cuatro minutos después de la apertura del marcador, en una contra fulminante, manejada con una precisión de cirujano por el tridente ofensivo brasilero, llegaría el 2 a 0. Con un Chile volcado desordenadamente a la ofensiva, la contra encontró a Brasil en situación de mano a mano con la defensa chilena, y Luis Fabiano, tras un excelente pase de Kaká, gambeteó al arquero como si fuera un cono y la mandó al fondo de la red: golazo. Quedaría tiempo para una jugada de gol más para Brasil. El primer tiempo se cerró, así, con una clara diferencia en favor de Brasil y un consecuentemente merecido triunfo del “scratch”. Los números manifiestan el dominio y la contundencia del equipo brasilero, por un lado, y la ausencia del espíritu bielsista en el planteo chileno, por el otro: 9 llegadas contra 1.
En el entretiempo, Bielsa, que parece haber reconocido la carencia de un estratega clásico en la cancha, metió dos cambios: afuera Mark González, que jugó un partido realmente malo, y Contreras; adentro Tello y Valdivia. Chile se reordenaría del siguiente modo: Isla pasaría a jugar de defensor; Vidal pasaría a la derecha y Tello se ubicaría como volante por la izquierda; delante de él, como extremo izquierdo, se ubicaría Beausejour, dejando, por tanto, a Valdivia en la posición de enganche. Acertados los cambios de Bielsa, pero tardíos. Brasil entraría a jugar con los mismos once.
El partido mostraría a un Chile mucho mejor parado posicionalmente, con mejor manejo del balón y una capacidad de ataque superior a la de la primera parte. Sin embargo, Brasil mostró ser un equipo que defiende bien, muy bien, y que sale rápido de contragolpe, muy rápido. Así, con Chile parado más adelante que en el primer tiempo y Brasil muy preciso y rápido en mitad de cancha, llegaría el 3 a 0 en una contra letal, comandada, esta vez, por Ramires y terminada con una categórica definición por Robinho, con cara interna del botín derecho: inalcanzable para el arquero. El partido transcurriría del mismo modo hasta el final, con Chile parado bien adelante, muy expuesto en defensa y con Brasil parado para la contra veloz. Chile no supo superar la defensa brasilera y Brasil manejó el partido con repetidas contras que dieron lugar a jugadas de considerable peligro para Bravo. En el segundo tiempo las llegadas fueron 8 a 4 a favor de Brasil, haciendo un total de 17 para Brasil y 5 para Chile (puede haber una diferencia con las estadísticas oficiales, pero son las que yo conté como llegadas de gol).
En síntesis, Brasil jugó como se esperaba, como venía haciéndolo, y Chile, que renunció al estilo que lo caracterizara en las eliminatorias y en la fase del grupo, volvió a ser el de antes de Bielsa, un equipo de muy bajo nivel que encaró el partido con la actitud de un equipo que se sabe inferior y se resigna a intentar torcer el resultado. Sí, más allá de las declaraciones de Bielsa, quien tras el partido sostuvo que "Hicimos lo máximo por imponer nuestros métodos para enfrentar la superioridad de Brasil. Me pareció una expresión valiosa de amor propio. Es muy difícil asumir que esto ya no nos pertenece.”, creo que Chile equivocó el planteo, renunciando inútilmente a la concepción del entrenador rosarino del ataque como eje estructurante del juego, consumando así la verdadera derrota de la roja trasandina. Consecuentemente, el resultado no podía ser otro: victoria 3 a 0, contundente e indiscutida, para el pentacampeón del mundo, que por el momento no brilla, pero gana y avanza. Lo espera Holanda el viernes. Veremos entonces si Brasil sigue por el camino del contragolpe ofensivo o si, finalmente, aparece el jogo bonito y Brasil juega “a lo Brasil”, cosa muy poco probable teniendo en cuenta lo hecho por la verde-amarela durante el ciclo de Dunga.
Menciones:Figura: Difícil. Me quedo con el muy buen trabajo de Dani Alves, que pone en un aprieto a Dunga de cara al partido con Holanda. ¿Se animará a sacar a Elano?
Premio Chenemigo: Mark González. Un fantasma. No jugó a nada, no recuperó prácticamente ninguna pelota y la única jugada de ataqué que manejó, por el lado izquierdo, terminó con un centro al banderín del córner derecho.
Referee: Howard Webb, de buena tarea, sin errores prácticamente. Buena tarea de los asistentes también.
Partido: Bueno (6).
Dato de color: Tras el centro a la nada de Mark González se pudo leer en los labios de Bielsa, harto ya de la mala actuación del volante: “qué hdp”. El 11 no entró a jugar los segundos 45 minutos.
Chile, que venía de perder dignamente ante el conjunto español y que contaba con dos jugadores suspendidos (Medel y Ponce), salió a enfrentar al “scratch” con un planteo táctico extrañamente especulativo. Bielsa apostó a jugar defensivamente, parándose a esperar a Brasil en mitad de cancha, renunciando, sorpresivamente, al característico estilo de juego de los equipos del Loco, quien dijera repetidas veces que para él todos los partidos son iguales, de manera que deben ser jugados del mismo modo: dominando, siendo protagonista del juego, lo cual sólo se puede lograr presionando constantemente, jugando en campo rival y dominando la pelota. Nada de esto hizo Chile en el partido de hoy. Muy por el contrario, se paró defensivamente, dejando salir a Brasil con pelota dominada hasta la mitad de cancha, para intentar salir de contra, y se suicidó. Es que no se puede esperar otra cosa que una derrota si se sale a esperar en mitad de cancha a uno de los equipos que tiene mejor manejo de pelota y organización de ataque del mundo.
Decíamos que Bielsa utilizó una disposición táctica un tanto distinta en cuanto al posicionamiento en el campo de juego y, sobre todo, a las características de los jugadores que entraron a la cancha. En este punto, llamó la atención ver a Beausejour haciendo las veces de un media punta, jugando detrás del centrodelantero, H. Suazo, en lugar del característico “enganche”, M. Fernández o Valdivia. Beausejour jugó un partido realmente malo, muy impreciso a la hora de pasar, con un manejo deficiente de la pelota a la hora de organizar los contraataques y en una posición táctica equivocada y en apariencia extraña para él. En definitiva, Chile se paró con su jugador más adelantado en el círculo central, dibujando algo así como un 3-3-2-1-1, en el cual los dos volantes exteriores jugaron retrasados y contenidos a la hora de atacar, convirtiéndose casi en defensores laterales, lo cual mostraba, en realidad, algo parecido a un 5-3-1-1, con: Bravo al arco; Jara, Fuentes y Contreras abajo, de derecha a izquierda; Isla, Carmona y Vidal en el mediocampo; Alexis sanchez por derecha y Mark Gonzalez por izquierda, ambos como extremos retrasados, es decir, como volantes ofensivos, si se quiere; luego, Beausejour como media punta; y, por último, Suazo como centrodelantero.
Brasil, por su parte, salió a jugar con un 4-3-1-2, con: Julio Cesar al arco; Maicon, Lúcio, Juan y Bastos en defensa, de izquierda a derecha; Dani Alves, Gilberto y Ramires en el medio, también de izquierda a derecha, y Kaká de enlace; y arriba, Robinho y Luis Fabiano. Nada nuevo bajo el sol del lado de la verde-amarela: laterales con buena proyección, un tridente ofensivo de muy buen manejo de pelota en velocidad, increíblemente preciso a la hora de la triangulación de pelota para abrir espacios, y un medio campo aguerrido, de poca posesión y lateralización del juego.
Así las cosas, el problema del planteo de “la roja” residió en que, por una parte, resignó las mejores características mostradas por el quipo en la fase anterior: la presión en tres cuartos de cancha, el juego vertical, los desbordes permanentes con llegadas de los volantes a posiciones de extremo y tres o cuatro jugadores dentro del área; y, por otra parte, agudizó los puntos flojos de un equipo que no cuenta, a mi entender, con los jugadores del nivel requerido para jugar casi mano a mano en la línea de fondo, cuestión que se puso en evidencia en el hecho de que cada vez que Brasil atacó generó jugadas de considerable riesgo.
En este marco se desempeñó el primer tiempo. De entrada se pudo observar un Chile retrasado, preparado para presionar en la mitad de cancha con la intención de salir rápido de contra, y un Brasil que se hizo cargo, desde el comienzo mismo del partido, de la chapa que detenta, la de ser una potencia mundial del fútbol. Así, Brasil buscó permanentemente el arco chileno, que se defendió bastante bien durante los primeros treinta minutos. Cabe decir que esta búsqueda permanente puede resultar un tanto contradictoria ya que resulta, en realidad, de un estilo de juego contragolpista: Brasil atacó pero lo hizo concibiendo al mediocampo como una zona de mera transición vertical, una zona de paso y no de control del balón, de modo que la forma de atacar es, en general, la de pases largos a los puntas, que son los encargados de resolver arriba, ayudados, a veces, por la subida de los volantes. Retomando, hasta entonces Brasil había generado cuatro llegadas, contra una sola de Chile. Si bien el trámite se mostraba parejo, las situaciones del pentacampeón eran mucho más peligrosas, aunque ineficaces aún. Sin embargo, el desarrollo del partido cambiaría tras el gol de Juan, quien tras un muy buen tiro de esquina, y una mejor “cortina” de sus compañeros, cabeceó sólo y muy cómodo, clavando la pelota en el ángulo derecho Bravo; nada que hacer para el arquero. Tras la apertura del marcador, pasaría algo que ya le ocurriera a Chile en el partido ante España, brotó el desorden en todas sus líneas, y lo pagó caro: cuatro minutos después de la apertura del marcador, en una contra fulminante, manejada con una precisión de cirujano por el tridente ofensivo brasilero, llegaría el 2 a 0. Con un Chile volcado desordenadamente a la ofensiva, la contra encontró a Brasil en situación de mano a mano con la defensa chilena, y Luis Fabiano, tras un excelente pase de Kaká, gambeteó al arquero como si fuera un cono y la mandó al fondo de la red: golazo. Quedaría tiempo para una jugada de gol más para Brasil. El primer tiempo se cerró, así, con una clara diferencia en favor de Brasil y un consecuentemente merecido triunfo del “scratch”. Los números manifiestan el dominio y la contundencia del equipo brasilero, por un lado, y la ausencia del espíritu bielsista en el planteo chileno, por el otro: 9 llegadas contra 1.
En el entretiempo, Bielsa, que parece haber reconocido la carencia de un estratega clásico en la cancha, metió dos cambios: afuera Mark González, que jugó un partido realmente malo, y Contreras; adentro Tello y Valdivia. Chile se reordenaría del siguiente modo: Isla pasaría a jugar de defensor; Vidal pasaría a la derecha y Tello se ubicaría como volante por la izquierda; delante de él, como extremo izquierdo, se ubicaría Beausejour, dejando, por tanto, a Valdivia en la posición de enganche. Acertados los cambios de Bielsa, pero tardíos. Brasil entraría a jugar con los mismos once.
El partido mostraría a un Chile mucho mejor parado posicionalmente, con mejor manejo del balón y una capacidad de ataque superior a la de la primera parte. Sin embargo, Brasil mostró ser un equipo que defiende bien, muy bien, y que sale rápido de contragolpe, muy rápido. Así, con Chile parado más adelante que en el primer tiempo y Brasil muy preciso y rápido en mitad de cancha, llegaría el 3 a 0 en una contra letal, comandada, esta vez, por Ramires y terminada con una categórica definición por Robinho, con cara interna del botín derecho: inalcanzable para el arquero. El partido transcurriría del mismo modo hasta el final, con Chile parado bien adelante, muy expuesto en defensa y con Brasil parado para la contra veloz. Chile no supo superar la defensa brasilera y Brasil manejó el partido con repetidas contras que dieron lugar a jugadas de considerable peligro para Bravo. En el segundo tiempo las llegadas fueron 8 a 4 a favor de Brasil, haciendo un total de 17 para Brasil y 5 para Chile (puede haber una diferencia con las estadísticas oficiales, pero son las que yo conté como llegadas de gol).
En síntesis, Brasil jugó como se esperaba, como venía haciéndolo, y Chile, que renunció al estilo que lo caracterizara en las eliminatorias y en la fase del grupo, volvió a ser el de antes de Bielsa, un equipo de muy bajo nivel que encaró el partido con la actitud de un equipo que se sabe inferior y se resigna a intentar torcer el resultado. Sí, más allá de las declaraciones de Bielsa, quien tras el partido sostuvo que "Hicimos lo máximo por imponer nuestros métodos para enfrentar la superioridad de Brasil. Me pareció una expresión valiosa de amor propio. Es muy difícil asumir que esto ya no nos pertenece.”, creo que Chile equivocó el planteo, renunciando inútilmente a la concepción del entrenador rosarino del ataque como eje estructurante del juego, consumando así la verdadera derrota de la roja trasandina. Consecuentemente, el resultado no podía ser otro: victoria 3 a 0, contundente e indiscutida, para el pentacampeón del mundo, que por el momento no brilla, pero gana y avanza. Lo espera Holanda el viernes. Veremos entonces si Brasil sigue por el camino del contragolpe ofensivo o si, finalmente, aparece el jogo bonito y Brasil juega “a lo Brasil”, cosa muy poco probable teniendo en cuenta lo hecho por la verde-amarela durante el ciclo de Dunga.
Menciones:Figura: Difícil. Me quedo con el muy buen trabajo de Dani Alves, que pone en un aprieto a Dunga de cara al partido con Holanda. ¿Se animará a sacar a Elano?
Premio Chenemigo: Mark González. Un fantasma. No jugó a nada, no recuperó prácticamente ninguna pelota y la única jugada de ataqué que manejó, por el lado izquierdo, terminó con un centro al banderín del córner derecho.
Referee: Howard Webb, de buena tarea, sin errores prácticamente. Buena tarea de los asistentes también.
Partido: Bueno (6).
Dato de color: Tras el centro a la nada de Mark González se pudo leer en los labios de Bielsa, harto ya de la mala actuación del volante: “qué hdp”. El 11 no entró a jugar los segundos 45 minutos.